Asesores defienden una estrategia de acercamiento gradual, con una llamada telefónica, contactos entre equipos y una posible reunión en un tercer país
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT) regresó de la Asamblea General de la ONU con el triunfo de una promesa de reunión futura con Donald Trump, que puede sentar las bases para negociar el tarifazo impuesto por Estados Unidos a Brasil.
El balance de los cuatro días de Lula en Nueva York, según aliados, se considera positivo por diferentes razones.
La breve interacción con Trump entre bastidores en la ONU señaló que el gobierno brasileño y representantes del sector empresarial lograron acceder a figuras clave del alto escalón estadounidense, rompiendo el bloqueo articulado por el diputado licenciado Eduardo Bolsonaro (PL) y el influenciador Paulo Figueiredo.
Con ello, Lula se posicionó como un líder que no cedió a presiones, mantuvo un discurso de soberanía y, aun así, abrió camino para un diálogo con el presidente estadounidense.
A pesar de la evaluación positiva del viaje, asesores de Lula afirman que el momento exige cautela, sobre todo debido a la imprevisibilidad del presidente estadounidense.
En ese contexto, una eventual reunión entre Lula y Trump deberá planearse cuidadosamente para evitar trampas similares a las enfrentadas por los presidentes Volodímir Zelenski, de Ucrania, y Cyril Ramaphosa, de Sudáfrica.
Por esa razón, los asesores del presidente brasileño trabajan con la perspectiva de un acercamiento gradual. La primera etapa sería una llamada telefónica entre los dos líderes en los próximos días. Siguiendo esa estrategia, un encuentro presencial podría producirse en un tercer país. La opción más probable es Malasia, sede de la próxima cumbre de la Asean (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático).
Fuente: Folha de San Paulo
