Lobos creados en laboratorio: las fuertes advertencias de los expertos sobre los riesgos de “revivir” especies extintas

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La empresa biotecnológica Colossal Biosciences afirmó crear tres animales que desparecieron hace 10.000 años; los especialistas alertan sobre los dilemas éticos y ecológicos del logro.

¿Es posible traer de vuelta una especie extinta? ¿Hasta qué punto la biotecnología puede recrear una criatura desaparecida hace miles de años? El nacimiento de tres cachorros genéticamente modificados en los Estados Unidos, que según la empresa de biotecnología Colossal Biosciences se asemejan al lobo gigante extinto (Canis Dirus) hace 10.000 años, reabre un viejo debate científico y ético.

Mientras los impulsores del proyecto celebran un “hito” en ingeniería genética, los expertos consultados por LA NACIÓN advierten que no se trata de una verdadera “desextinción”, sino de una reconstrucción parcial con riesgos aún poco comprendidos. Como señala el genetista argentino Gabriel Ércoli, “la creación de animales con rasgos de especies extintas, especialmente cuando no se publica información científica detallada ni se somete a revisión independiente, plantea interrogantes éticos significativos”.

Para Adrián Mutto, especialista en reproducción y mejoramiento genético animal y primer doctor en Biotecnología y Biología Molecular de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), “el principal logro es que por primera vez se insertan genes de un animal extinto en uno existente”.

Aclaró que no se trata de “desextinción”: “Esto es un lobo gris con genes de un lobo blanco extinto hace 10.000 años. No se puede clonar un animal extinto porque no hay células vivas”, explicó.

Los ejemplares tienen entre tres y seis meses de edad, lucen un pelaje blanco y denso, mandíbulas poderosas y ya pesan alrededor de 35 kilos. Se espera que alcancen los 63 kilos en la adultez, lo que los ubicaría muy por encima del lobo gris, su pariente más cercano y base del experimento. Los lobos gigantes originales eran depredadores imponentes del Pleistoceno, con una complexión 20% mayor a la de los lobos actuales.

Para alcanzar este resultado, los científicos de Colossal partieron del análisis de ADN extraído de fósiles antiguos: un diente de lobo de 13.000 años hallado en Ohio y un fragmento de cráneo de 72.000 años procedente de Idaho. Ambos restos forman parte de colecciones de museos de historia natural en los Estados Unidos. A partir de ese material genético, los investigadores identificaron 20 diferencias clave en 14 genes responsables de los rasgos distintivos del lobo gigante.

La siguiente etapa fue utilizar células sanguíneas de un lobo gris vivo. Estas células fueron editadas genéticamente con la técnica Crispr, modificando el ADN en los 20 sitios identificados. Luego se transfirió el material genético al núcleo de óvulos de perras domésticas que habían sido previamente vaciados de su contenido genético. Los embriones resultantes se gestaron durante 62 días en vientres caninos.

Los tres cachorros nacieron en octubre del año pasado y, según Colossal, muestran comportamientos típicos de lobos, no de perros. Sin embargo, expertos ajenos al proyecto han sido más cautos. “Esto no es revivir una especie extinta. Lo único que se puede hacer es crear algo que se le parezca superficialmente”, explicó Vincent Lynch, biólogo evolutivo de la Universidad de Buffalo.

Ércoli, en diálogo con LA NACION, adhiere y señala que se trata de organismos híbridos, diseñados a partir de una especie viva con la incorporación de algunos genes antiguos, pero sin replicar el genoma completo ni la identidad biológica original del Canis Dirus.

A finales de marzo, representantes de la empresa Colossal se reunieron con funcionarios del Departamento del Interior de Estados Unidos para hablar sobre los avances del proyecto
A finales de marzo, representantes de la empresa Colossal se reunieron con funcionarios del Departamento del Interior de Estados Unidos para hablar sobre los avances del proyectoCaptura/ Telemundo

Beth Shapiro, directora científica de Colossal, explicó que el proceso busca acercarse lo más posible a la genética original de los lobos gigantes. Pero reconocen que estos animales nacidos en laboratorio nunca aprenderán ciertas conductas esenciales para la supervivencia en la naturaleza, como cazar grandes presas en manada. “Probablemente nunca desarrollen las técnicas de caza de un alce o un ciervo gigante porque no tendrán la oportunidad de observar y aprender de una manada salvaje”, dijo Matt James, jefe de Bienestar Animal de la empresa.

Validación

Más allá de la fascinación pública por estos avances, Ércoli también subraya la falta de transparencia del proceso y los posibles riesgos que ello implica. Hasta ahora, Colossal no ha compartido los detalles técnicos completos del proceso, ni ha sometido sus resultados a evaluación independiente, lo que dificulta validar sus afirmaciones dentro de los estándares académicos habituales.

“La creación de animales con rasgos de especies extintas, especialmente cuando no se publica información científica detallada ni se somete a revisión independiente, plantea interrogantes éticos significativos”, señala Ércoli. Y completa: “No sabemos qué genes se modificaron, cómo fue el proceso ni con qué controles se realizó. La falta de transparencia impide evaluar con claridad el impacto de la intervención, tanto sobre los animales involucrados como sobre el ecosistema”.

Además, alerta sobre la posibilidad de consecuencias ecológicas impredecibles si estos animales fueran liberados en la naturaleza. “Podrían alterar equilibrios ecológicos existentes o competir con especies actuales”, advierte. También planteó un debate más profundo: “Existe el riesgo de instrumentalizar a los animales como experimentos simbólicos o mediáticos, sin considerar suficientemente su bienestar o la responsabilidad social asociada al uso de estas tecnologías”.

Aplicaciones futuras

La tecnología de modificación genética también podría servir para preservar especies en peligro de extinción. “Sí, se podrían usar para animales en peligro, porque ahí sí ya hay células vivas”, dice Mutto. Explica que instituciones como el ex-zoológico de Buenos Aires ya almacena células congeladas de muchas especies amenazadas.

“Vos podés clonarlas, incluso en especies emparentadas. Se han logrado clonar cabras salvajes europeas en cabras domésticas, usando estas últimas como vientres subrogados”, expone Mutto.

También mencionó que esta herramienta podría ser útil para estudiar especies extintas. “Uno podría secuenciar ADN del mamut, del tilacino o del tigre de dientes de sable para conocer mejor su fisiología”, señala Mutto.

No obstante, advierte que el mayor efecto hoy no es científico, sino social. “Esto genera impacto, más que nada impacto social. ¿A quién no le gustaría ver a Mani de La era del hielo otra vez vivo? Sería maravilloso, pero científicamente a lo mejor no tiene tanto sustento”, concluye Mutto.