El club de La Plata se animó a enfrentar a la AFA y ahora los demás deberán decidir sobre la disyuntiva política más antigua de la historia. ¿Puede tener éxito la «revolución»?
Desde que el autoritarismo existe, hay un dilema entre los que lo resisten y los que se encuentran dubitativos. Mientras algunos tienen el coraje de oficiar de punta de lanza, muchos otros, que también quieren un cambio, se encuentran en la disyuntiva: ¿Si me sumo a la intentona revolucionaria y fracasa? Ese temor a tener que enfrentar la vendetta del déspota fortalecido luego de un intento de cambio de régimen fallido paraliza a más de uno. No hace falta ver más que lo sucedido luego de las décadas del chavismo en Venezuela para comprender la cuestión.
Estudiantes de La Plata se decidió a enfrentar públicamente a Claudio ‘Chiqui’ Tapia y a su modelo autoritario de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA). Su presidente, Juan Sebastián Verón, sabe que esto no es gratis. Por ejemplo, en el partido del «pincha» contra el insólito campeón de la AFA, Rosario Central, el equipo platense parecía por momentos que jugaba contra 12 jugadores, con un árbitro que cobraba todas las dudosas para un local, que no pudo terminar imponiéndose, convirtiéndose en el primer campeón en quedar descalificado en los cuartos de final.
Lo cierto es que Estudiantes de La Plata y Verón no están solos. Hasta los hinchas de Rosario Central reconocen que el título otorgado es un papelón y que el repudio de los simpatizantes del resto de los equipos está justificado. El problema del fútbol argentino no pasa por los simpatizantes, que en términos generales tienen «códigos», sino por su dirigencia. Desde los años de Julio Grondona (1979) la AFA no tiene una representación política «normal». Existe un poderío sostenido por cuestiones que escapan a la representación natural de los clubes, donde los favores, las prebendas, los privilegios, pero también los castigos y la arbitrariedad, son moneda corriente. El secreto a voces en el mundo del fútbol es que los clubes no se pueden pelear con el presidente de la AFA, ya que la confrontación es sinónimo de problemas que van desde los sorteos a los arbitrajes.
Por esta cuestión es que ni los clubes grandes, que saben bien de la problemática, se atreven a desafiar al mandamás. Si Grondona era un temeroso capo de la mafia futbolera, Tapia es una versión devaluada del mismo. Un extenso mandato como el de «Don Julio» sería una tragedia para el fútbol argentino. El tema es que, para que eso suceda, los clubes no deben dejar solo al único que ha enfrentado hasta el momento al titular de la AFA. Un respaldo no menor que tuvo Verón fue el del mismo presidente de la Nación, Javier Milei, que, con un sugerente tuit, compartió la camiseta del «león» platense.
La polémica detrás de la eventual manipulación del documento que serviría para sancionar a Estudiantes de La Plata recién empieza y es probable que termine en la justicia. Es que, de comprobarse lo que están denunciando en las redes sociales, el delito de la AFA ya estaría tipificado en el Código Penal. Pero para que la arremetida contra el poder de la calle Viamonte tenga peso, Verón necesita aliados. Es válido el respaldo presidencial y el de los hinchas de los diversos equipos. Pero los votos que se cuentan son los de las dirigencias de los clubes. Boca Juniors es una filial del kirchnerismo y, seguramente, la gestión de Juan Román Riquelme respaldará a un Tapia que no quiere saber nada del desembarco de los capitales privados al mundo del fútbol. Es que, la mínima modificación que haga ingresar algo de seriedad y sentido común, se convertiría en el final de su impúdico y vergonzoso reinado.
Estudiantes de La Plata se animó, pero el dilema de los clubes existe. Si Verón queda solo en la batalla, seguramente la AFA de Tapia termine imponiéndose. Si son varios los que acompañan, puede que esta historia tenga un final feliz. El fútbol argentino se lo merece. Habrá que ver qué dicen los clubes. ¿Desearán seguir besando el anillo del capo para evitar problemas o se animarán a soñar con una liga de elite que no tenga nada que envidiarle a las más poderosas del mundo?
Por Marcelo Duclos
