La selección brasileña pastó en el césped ante Argentina

Deportes Noticias

La goleada en Buenos Aires es de esas que entran en la historia y quedan para siempre

La humillación sufrida por la selección en el Monumental de Núñez retrata a la perfección la mediocridad de quienes dirigen el fútbol brasileño.

Desde el caricaturesco presidente de la CBF, Ednaldo Rodrigues, hasta el burocrático entrenador Dorival Júnior, dos zapateros que quieren ir más allá de los botines.

Ver a un equipo, por más mermado que estuviera, pero aún con un puñado de jugadores que brillan en sus clubes, completamente desorientado superó hasta la más pesimista de las expectativas.

El pronóstico realista era una derrota ante los campeones del mundo, pese a que Messi y Lautaro Martínez también fueran baja para Argentina. Pero el desempeño terminó siendo mucho más que decepcionante: fue vergonzoso.

En el estadio de las gallinas, según los xeneizes, el equipo de amarillo pareció realmente una gallinada, con la diferencia de que las aves caen de dos patas y los canarinhos cayeron de cuatro. 4 a 1. Podría haber sido 5, 6, 8.

De 7, no. Eso es exclusividad alemana.

El desastre en el Monumental comenzó con el grito del iluso Raphinha y terminó con las piernas temblorosas de Joelinton, Murilo, Arana y compañía, al son del olé porteño con apenas 12 minutos de Superclásico y 2 a 0 en el marcador.

Ni el regalo de Romero a Matheus Cunha, el único que mostró un mínimo de actitud, sirvió para dar coraje al acobardado equipo nacional.

Ponga a los jugadores disponibles en manos de Artur Jorge, Jorge Jesús o Luís Castro, solo por citar a quienes hablan portugués, y vea lo que producirían. O en manos de Filipe Luís, aunque parezca prematuro.

Lo que parece no tener solución es la ausencia del enganche, el número 10 desaparecido desde el Monte Caburaí hasta el Arroyo Chuí.

Con enganche o sin enganche, nada justifica una actuación tan cobarde. Vamos de mal en peor.

Fuente: Folha de San Paulo